La primavera...

miércoles, 27 de octubre de 2010

Corre la niña con su risa de fiesta, sus ojos de cielos y su piel de pureza. Brinca y canta, con su canastita de flores, de frutas, y de amores.
Las aves revolotean sus cabellos de oro y las ardillas recogen el manto de plata que cubrieron los campos extintos de adorno.
¡Mamá! - le dice a la tierra.
¡Papá! - le dice al Sol, que emite rayos luminiscentes muy sonoros.
El viento muy cuidadoso le pone una corona de margaritas, le da un beso en su mejilla diciéndole.
- Al fin llegaste, mi niña juguetona, mi niña de primavera, mi niña que enamora.

Mi amor de coralí

miércoles, 29 de septiembre de 2010


Piel de nacar, ojos de cielo oscuro, pestañas de rubí, cejas color carmesí, y sus cabellos risueños de alhelí. Muy alegre y muy tierna, si ve un animalito perdido le hace cariño y se lo lleva para la casa, lo cuida, lo engorda, lo lleva al veterinario para que le ponga sus vacunas y luego para suerte mía, les encuentra dueños, porque hay de mí, hay de mi, sino fuese así, tendría un zoológico, y todo, porque siempre le digo, sí. Le gusta jugar a la casita, hace sus deberes, el te y la comidita, se pone su mantel y deja todo limpio, cuando llego me cuenta todo lo que hizo y todo lo que desea tener. Una hija y una casita blanca en las montañas de Italia, le gusta bailar (Acondicioné un lugar para ella, su piso parquet y espejos donde pueda ver su belleza repetidas más de una vez), leer mis ingenios y quedarse dormidita en mis brazos y al despertar en las mañanas, le digo despierto o entre sueños: Mi amor de coralí.

Tan solo tú...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Me sentía libre, sin ataduras, independiente de todo lo que me rodeaba, invulnerable ante las miradas, ante las risas, ante las tristezas, ya había curado las heridas hechas de almíbar, había vuelto mi forma alegre de ver la vida, de ironizar la propia inmadurez de mis semejantes y sobretodo la mía.

Me hallaba brillante y resplandeciente en éste cielo raso, mi luz de oro, mis dos núcleos zarcos, mi rostro de alabastro enigmático para la gran mayoría, pero no para ti.

Y no sé por qué, o en que momento ocurrió que sentí la necesidad de tu presencia, de tu alegría muy desbordante, muy burbujeante. Añoraba en cada minuto tener tu mirada sobre la mía, esos ojos apeninos que hacia anhelarte aún más cuando corría el tiempo sobre mí.

Traté de dormir en los días y esconderme en las noches, entre los gemelos imperiales, entre el rey de la naturaleza viva pero, no sé cómo tú siempre me encontrabas.

Los días y las noches ya no valían sin ti, y de tanto, de tanto desear lo casi imposible caí fulgurante en la candidez de tus manos y me sentí muy débil, muy frágil, muy pequeño ante tu piel de nieve y tus borde de carmín, traté de oponer resistencia, lo traté, lo juro, sin embargo, ya mi corazón tenia tus huellas dentro de él.

Y en una tarde, en un parquecito de colores con las aves que recitaban rimas, con las mariposas azules galanteando a los señoriales claveles, con los suspiros tímidos del céfiro tentando tus finos cabellos carmesí y entre la luna junto al sol mirándonos como espías, te dije viéndote a tus astros marinos las palabras que prometí nunca más repetir: Te amo, te amo, te amo tan solo a ti.

Leyenda...

lunes, 6 de septiembre de 2010


Una gran lucha devastadora por la supremacía de los espacios infinitos, oscuros, sin brillo; cortan las espadas la esencia de los enemigos, moléculas, partículas purpúreas que dan puntitos de brillo al ébano marco que los cubre. Se oyen los gritos, las oraciones, las trompetas y los temores, y un dios omnipotente que llora por no preveer, lo que sucedería al otorgar belleza y poder semejantes a los de él, a solo un ser.

Un mundo que nace entre nada augúrales albores recogiendo en sus tierras áridas las lágrimas de la divinidad sollozante por sus hijos que se matan entre sí.

Germina una nueva especie que mira estupefacta en los atardeceres, la sangre de los caídos, que quisieron alcanzar la gloria que les fue ajena.

Ana y...

sábado, 28 de agosto de 2010

Hace como dos años más o menos que conocí a una chica muy bella, de cuerpo deslumbrante, ojos marrones claros, muy claros y almendrados, una cabellera extensa llegando casi a la cintura, de color dorado como el sol de verano.
Estelas sacras de oro natural, estatura de reina, unos labios muy llamativos (ni muy gruesos, ni muy livianos)... ¡Por dios, que belleza de 24 años!... se asemejaba bastante a la mujer que me atormentaba en mis sueños.

¿Su voz?... realmente no lo sé... fue de esos tipos de amor platónico que cómo otras veces me llegaban a impresionar (cómo pasa el tiempo y cómo puede llegar uno a cambiar de parecer, ahora también llevo el ateísmo en mis ilusiones de amor: Ver, tocar, oír, sentir, antes de enamorar, eso fuese; si estuviese buscando a alguien, pero ya no es así).
Ana, la belleza blonda de Rio de Janeiro; empezaba sus primeras impresiones de la vida con un poema de Fernando Pessoa.


Colhamos flores, pega tu nelas e deixa-as
No colo, e que o seu perfume suavize o momento -
Este momento em que sossegadamente nao cremos em nada,
Pagaos inocentes da decadencia.

Ao menos, se for sombra antes, lembrar-te-as de mim depois
sem que a minha lembrança te arda ou te fira ou te mova,
Porque nunca enlaçamos as maos, nem nos beijamos
Nem fomos mais do que crianças.

E se antes do que eu levares o óbolo ao barqueiro sombrio,
Eu nada terei que sofrer ao lembrar-me de ti.
Ser-me-ás suave à memória lembrando-te assim - à beira-rio,
Pagã triste e com flores no regaço.

Ricardo Reis.


Si, Pessoa y los heterónimos, por ella fue que llegué a conocer al Gran Poeta Portugués (que el universo es muy grande y no se centra en un mundo, por favor entiéndalo usted), todos los lunes era lo mismo; un poema de Pessoa y una narración corta de su vida.
Hasta que empecé a escribirle al igual que una treintena de sus conocidos (o tal vez más) pero, a diferencia de ellos, siempre escogía un poema de algún autor italiano (sobretodo de amor), para colocarlo como comentario.
Y empezó a interesarse en mí, ya no era sólo los Lunes que colocaba un poema de Pessoa, sino casi a diario, esperando un comentario mío (quizás). Hasta que cometí el error de confundir nombres, hice un sentimiento de los míos pero, con nombre equivocado (que estupidez la mía), y de dedicatoria coloque el de su amiga (Deia).
Tal vez no supe diferenciar quien era quien; una es de pelo castaño y la otra rubia, si Ana era preciosa; Deia lo era un poco más (que tal suerte la mía) y lo peor es que empecé a escribir en aquel lugar sólo por Ana.
Me puse a mirar lo que había anteriormente en su lugar de compartir imágenes y divagaciones con sus amigos (sobretodo las fotos), y ahí pude ver lo unidas que eran (ambas con el cariño especial de madres y tías por el único hijo que cada una tenia).
Al día siguiente, una imagen de las dos apareció en su sitio online, solo que decía en grandes letras: Yo soy Ana, y yo Deia.
Reí como tonto (entre mi), porque sabía a lo que se referían (elegir a una), y mi elección (de cobardes me tildarán algunos) fue no volver a escribir en su dirección de internet de las dos y eliminar mi cuenta (es lo que hice en ese momento); decidí apartarme de aquel lugar, sin embargo, aún conservo imágenes y comentarios de esa ilusión pixeleada y cristalizada.
Tal vez me equivoqué en la decisión, pero si elegía a quien más me gustaba hubiese ocasionado (quizás) un distanciamiento entre una bella amistad (demasiado pretencioso dirán, más no quería correr ese riesgo).
Despúes de un largo tiempo (seis meses), por curiosidad, quise ver si había novedades en aquel lugar de las dos, en vano fue porque ya habían eliminado ellas su lugar de esparcimiento.
La hermosa Ana, la sentimental Ana, la alegre Ana, que hubiese sentido ella, si elegía a quien más me gustaba... Deia.

Jenny...

jueves, 26 de agosto de 2010

Jenny tienes los ojos azules, azules como los cielos olímpicos, azules como el manto que cubre el indómito Valhala, o como el lago cálido donde se bañan las hurí del profeta.
Sobre esa belleza inmensurable están dos rayos dorados que la cubren, y debajo de él, un gracioso y pequeño lunar, que es un punto final de chocolate.
Muy blanca, muy risueña, unos cabellos dorados que palidecen el brillo del sol, así es ella, así es Jenny, con su voz que es un desquiciante grito de luna, su traje rojo, su falda escocesa, sus medias rojas, y sus zapatillas que le hacen juego a todo.
Siempre cuando le gusta algo, lo repite tres veces: Te quiero, te quiero, te quiero. Mas si hay otra cosa que no es de su agrado, trata de no herirlo y le dice: Me gusta, me gusta, pero poco.
¿Dónde te has ido Jenny?, ¿Dónde está tu risa preciosa que escondías para que no lo vieran seres que no merecían presenciar lo más cercano al paraíso? ¿Dónde están tus bailes, donde está tu ternura de niña hecha mujer? ¿Dónde estás Jenny, donde?
Yo le escribí tres cuentos a Jenny, o quizás más. Si, Jenny es Isidora, la niña que andaba enamorada de Nico, que sólo suspiraba por él, no sé si ella llegó a leer ese relato porque entre mis pensamientos por ella, estaba su amiga inseparable, Lucia, o Cata, como a ella le encantaba que le llamaran.
Sobre Cata ya escribí demasiado, mucho diría yo, por que si, Cata es Natalie, ese amor que parecía posible pero realmente tenia el sello de imposibilidad por sus inconstancias o por las mías, hasta ahora no lo sé en realidad.
El cuento que si estoy seguro que le gustó fue: Un sueño olvidado. Porque los ojos de la niña o de la mujer eran azules y no cafés, hizo algo muy gracioso cuando lo leyó, imitó los instantes que describía en mi relato, sin embargo le dio una tonalidad de alegría; al ser que lo llegó a tener entre sus brazos no era un hombre sino un can, uno muy pequeño, que lo bautizo con el nombre de tilín (por lo de las estrellas titilan), jajajaja, así es ella, única.
Sobre Isidora, sé que también fue de su agrado, mas resaltó que ella no estaba pololeando, es que Jenny o Isidora ya tenia novio, jajajaja, si ya lo tenia y su nombre era Nicolás, ¿Qué hacia yo en medio de una estrella y un hacedor de ellas?, no lo sé realmente, sólo sabia que ella me gustaba, si me gustaba como era ella... Isidora.
Si tal vez; ella no hubiese tenido un compromiso y yo no hubiera estado tan lejos de ella, hubiese sabido como es realmente Jenny y no Isidora, hubiera roto la barricada de lo irreal, y yo su fan, hubiese sido más que eso.
En estos tiempos, en éste presente, la belleza de ojos azules se encuentra libre para viajar donde ella desee, donde quiera, donde ella ame, donde pueda tomar instantáneas, momentos con sus manos, con sus ojos, con su presencia, con la música que le apasiona (la de olor de heliotropos o de abedules), porque ahora sé que ya no tiene quien sea su dueño, que irónica es la vida, ahora ella es una realidad pero yo, ya no.